lunes, 9 de marzo de 2020

Indiferente

Todos los días hay:
una denuncia denostada,
una alerta activada,
protocolos que no alcanzan.
Todos los días hay:
una familia que llora,
un colectivo que implora,
un Estado que ignora.
Todos los días hay
cada veintitrés horas
una mujer asesinada.
Entonces, ya no.
Ya no me conmueven:
las muertes de artistas,
las muertes de gente "importante",
las muertes que son muertes.
Entonces, ya no.
Hasta que me den un calendario
que diga que mi esperanza de vida
dura más que la palabra "mujer".

lunes, 2 de marzo de 2020

Llegué

Llegué. Me engañaba un poco antes de verte: me decía que ya todo estaba bien, que ya estaba a salvo. ¿A salvo? ¿De qué? El daño estaba hecho desde antes. Todo aquello de lo que podría haber estado a salvo era bueno. Era bueno y, sobre todo, deseado.
Llegué. Me engañaba un poco antes de verte. Qué fácil fue engañarme a mí, qué imposible fue engañarte a vos. Sin querer te mostré la mujer deslavada que quedó después de llorarte. Deslavada de sonrisas y palabras espontáneas porque daba miedo.
Llegué. Me engañaba un poco antes de verte. Antes de resistirme. En la resistencia se delató un anhelo. Qué imposible fue engañarme a mí y decirme que no te estaba queriendo de nuevo. Pero daba miedo estar ahí de nuevo. Sin querer me deslavé de miedos.
Un miedo, por un beso. O dos. O tres. O toda una mañana de tomarte prestada la boca y cerrarte los ojos de un beso. O toda una noche de tomarte prestados los brazos y cerrarte los ojos de un quedarme a tu lado dormida y confiada. Y mostrarte a la de antes, a la de siempre, a la que ahora podía y tanto había querido compartir almohada y sueños. Con vos.

miércoles, 26 de febrero de 2020

Plegaria terrosa

Tragame, Tierra. No sepas tanto. No digas tanto. No calles tanto. Estoy cansada de usar los labios y no besar.
Tragame, Tierra. No pido mucho. ¿Qué te cuesta? Devolveme a la semilla. Dame de vuelta a mi ombligo de luna azteca.
Tragame, Tierra. Y escupime fuerte. Quiero que me escupas en esa cama que conozco poco y que quiero mucho.
A la Tierra también se le reza y yo te ruego que me tragues y que me escupas en esos brazos oxidados de no amarme.

viernes, 7 de febrero de 2020

Colibrí gitano

Colibrí gitano: un montón de consonantes que no se pronuncian para que el canto suene mejor y más desgarrado y más genuino. Para que pueda gritar los perdones y los amores necesarios.
Ficción lunar: un montón de cráteres que vienen y van del campo visual para que los aros de plata de la mujer hagan pintorescos juegos de luces. Para que envíen mensajes de cariño en forma de rayos de luna redonda y lejana.
Faisana mora: porque el pájaro muta y la mujer también y la luna más. Y el gesto baila en unos ojos terrosos y en unos cabellos oscurísimos como la inesperada medianoche del primer beso.

viernes, 31 de enero de 2020

Susurrar que te quiero

Encontré formas de susurrar que te quiero sin decir nada:
mirarte con los ojos rayados de luna en una silenciosa invitación,
equivocarme y respirar sobre tu cuello en una licenciosa invitación,
aceptar tus ropas y tu desnudez para abrigarme el cuerpo.

Encontré formas de susurrar que te quiero sin decir nada:
espiar el beso después de haber tenido los ojos cerrados,
buscarte lunares después de haber tenido los mimos cerrados,
prestarles refugio en mi pecho a todas tus expresiones y gestos.

Encontré formas de susurrar que te quiero sin decir nada,
pero te quiero
y a veces hace falta escucharlo.

miércoles, 29 de enero de 2020

Dice la Luna

Dice la Luna y me dice en secreto:
"No hace falta huir de nuevo".

Dice la Luna y me dice a oscuras:
"En esta noche púrpura te busca".

Dice la Luna y me dice en la cama:
"Quedate y gritarás hasta mañana".

Dice la Luna que ella jamás miente.
Y ese hombre no la deja mentir.

sábado, 25 de enero de 2020

Lo carnal grita

Tengo sino de diosa,
de diosa teñida de luna,
y tengo senos de humana,
de humana mojada de bruma.

Tengo sino de diosas,
y pies ligeros y mente ancha,
pero caderas vaivenes,
ansiosas de tus palmas.

Tengo sino de dioses,
y dos piernas guerreras,
antojadas de lobo feroz
y ansiosas de carrera.

Y es que esa cama mundana
-tuya, tuya y también mía-
mantiene lo etéreo afuera:
lo divino calla, lo carnal grita.