martes, 10 de agosto de 2021

Los árboles que decoran la General Paz

Hola, cielo que se esfumó.
Me gustaría contarte:
ayer a las 18 y 20 salí del trabajo
y me paré a esperar el colectivo;
por suerte, a las 18 y 40 estaba arriba
leyendo un mail que no es tuyo,
pero que me hace feliz.
Me importa mucho, ¿sabés?
Poder decirme artista.
Los árboles que decoran la General Paz
contrastaban con el gris húmedo
y estaban de acuerdo conmigo.
Les importa mucho, ¿sabés?
Poder decirse artistas.
Cualquier trabajadore durmiente
arrullade por la secuencia de edificios
diría cansadamente que sí:
si el arte no puede ser una pausa cotidiana
entre las escenografías cotidianas,
¿entonces para qué?

domingo, 8 de agosto de 2021

No quepo fuera de mí

La opción está clara delante de mí:
hay que jugar a las escondidas
con este cuerpo
con este pecho donde laten las rimas
con esta boca que pronuncia besos
con esta silueta que escribe sombras.
Sí, esto me piden:
fingir una existencia etérea
donde no ocupo el barro
donde no doy ningún paso
donde la carne es invención
donde existir es voluntad.
Pero no quiero y me niego:
la finitud calza pantalones
y tiene talle de remera.
Pero no quiero y me niego:
la finitud se desviste
y entonces dice palabras.
Lo ignoran, siguen exigiendo:
hay que jugar al ajedrez
con el cuerpo
con el cuerpo como peón
peón invisible y terciario
jaqueado por la dama.
Insisten muchísimo más:
hay que permitir el eclipse
del barro mortal
por la luminosa luna
de las ideas permanentes
de la esencia universal.
Pero no quiero y me niego:
la finitud escucha o ve
y se palpa de pies a cabeza.
Pero no quiero y me niego:
la finitud es frágil cintura
y por eso dice palabras.
Si no tuviera un vientre
si no fuera una temporada
si midiera más que mi ancho,
¿diría palabras acaso?
Afuera no existo
afuera no creo
afuera no yazgo,
me voy y me callo.

sábado, 31 de julio de 2021

Trilogía

Bajemos en Viena
Antes del amanecer
soy un terrón de azúcar
disolviéndose en un café
caliente y amargo
que besás
con tus labios profundos
antes de tragarme entera
para que endulce tu pecho
mientras el café lo quema.
Es una tontería eso
de no volvernos a ver.
Mejor, de nuevo acá.
En seis meses.
Vos llegás en avión.
En diciembre.
Yo llego en tren.

Vas a perder ese avión
Antes del atardecer
estoy sentada en medio
de una canción que te vuelco
como una cucharada de miel.
La canción dice que no importa
qué pasó después
quiénes pasaron después
porque en realidad no hubo después
si siempre basé mis creencias
sobre el amor o sobre Dios
en volverte a ver.

Voy a perder ese avión
Digo en voz alta este poema
porque me duele el pecho
de latirlo
de bombearlo
de palpitarlo
y aunque me sangre la garganta
pronunciándolo a tus ojos
duele menos
corta menos
muero menos.
Digo en voz alta este poema
porque lo creí para encontrarte.

Sigue ahí
Antes del anochecer
le pregunto al espejo
si seguimos queriéndote.
Escondo la respuesta
detrás de las pestañas
que bajan con la lágrima.
Mis pupilas miran
para decirte sí
aunque no estés preguntando.
Pauso el reflejo
y por fin te miro
rogando que no piense.
Antes del anochecer
me pedís que por algo tan chiquito
no piense que ya no me querés.
Sonrío la respuesta
delante de las palabras
que edulcoran mi vientre.
No eran dudas de verdad,
yo te quiero en presente
y en todos los tiempos.
Yo te quiero en presente
y en todos los tiempos
durativos, imperfectos.

domingo, 25 de julio de 2021

No veo de lejos

Cuando no te veo quererme
no me siento apta
me entiendo inepta:
me exceden mis excesos
queriéndote tanto, tanto
que termino supliéndote.
Quiero por los dos.
Asfixio los placeres
de querernos despacito
porque el miedo apura:
qué apta me alejo
qué inepta me pongo
cuando nos queremos de lejos.

Las dudas que fundaste

Quiero que sepas:
todas las dudas que fundaste
se acuestan conmigo
cada mes.
La captura donde se ve
que necesitabas una velada solitos
con otra
me manosea y siento asco.
El recuerdo de tu confesión
(engañaste solo para que
las fantasías tuvieran otra cara
esa misma otra cara no mía)
cuando mataste a la ilusa
me besa con sabor a vómito.
Quiero que sepas:
todas las dudas que fundaste
me echan de tu casa
cada mes.
Necesito una velada solitos
y hablan fuerte
y se ríen de mí.
Fantaseo desnudarme para vos
y miran grande
y se ríen de mí.
Quiero que sepas:
todas las dudas que fundaste
me niegan los arrumacos
a largo plazo.

36 cuotas

Compré una computadora

para optimizar mis tiempos de poeta

-poeta de siglo veintiuno y trabajadora-.

Treinta y seis cuotas bailaron el vals conmigo

y dijeron que sí querían

delante del grisáceo altar

ministrado por ese solícito banquero

que me autorizaba el préstamo.

Este matrimonio es ingrato:

no sirve ni como donante de esperma.

No espero que la muerte nos separe

para no trasladar los tres años

de angustia cónyuge.

Pero sí espero el divorcio

y una poesía que no sea vómito

y llanto y producto verbal

de esta ansiedad consumada.

viernes, 23 de julio de 2021

La poesía está bien

La poesía estaba bien sin tus comentarios.
Pero otra vez te paraste a decir contradicciones
como que la poesía es asunto exclusivo del alma
y que esa habitación, el cuerpo, es algo aparte.
¿Quién te permitió separar la poesía del cuerpo
cuando el verbo es claramente más carne que alma?
¿Quién te dijo que la poesía era solemne y pura
cuando se mancha y se sumerge y se golpea?
Porque es más cuerpo que inalcances etéreos.
Porque es más juego que invenciones sublimes.
Porque es más tierra que largas utopías uranas.
La poesía está bien y prefiere todos los límites de la carne.