sábado, 17 de abril de 2021

A la torre, princesa

Había una vez una princesa. Ella vivía en un grandioso reino rodeado por un inefable bosque. La despertaba el sol del amanecer y la llenaba de ánimos bailarines. Por eso, todos los días salía a pasear y a cantar y regresaba solamente para comer, asearse y dormir.
Pero los días y las noches de la princesa no eran simplemente felices. Todas las semanas varios sujetos distintos la veían pasar y vociferaban elogios desagradables a sus atributos físicos. Ella sonreía. ¡Cómo no! Era una princesa. Tenía que sonreírle a su pueblo, sobre todo si le estaban haciendo saber su atracción.
Sin embargo, la princesa se sentía cada vez más incómoda y los elogios desagradables pronto devinieron en persecuciones o en acercamientos terroríficos. Ella temía que no salir intacta la próxima vez. Ya no quería sonreír. Era una princesa, pero no le gustaba gustar de esa forma y detestaba que se lo expresaran de esa manera. En el palacio, nadie la escuchaba. La tildaban de exagerada y de desagradecida.
Entonces, ella tomó una decisión: se acabaron los paseos. Buscó una zona recóndita en el bosque, ordenó que construyeran una torre, hizo guardián a un dragón y se encerró para siempre. ¡Hay sujetos que quieren rescatarla! ¿Se imaginan? Si la princesa está huyendo y esa es su huida definitiva... El dragón se burla y la mantiene a salvo sin piedad. Después de todo, ellos tampoco iban a ser piadosos con ese cuerpo andante y viviente que prefiere existir encerrado.

domingo, 11 de abril de 2021

Hasta las doce

El comedor está solo. Un fantasma enamorado mira "Titanic". Desde la habitación, escucho cómo suenan los famosos acordes. La escena de amor me pone tiesa y fría. No necesito verla. Mi calor se está fugando. La escasa tibieza que me queda envuelve a mi gata. Ella está recostada contra mis piernas. Sus orejitas detectan que lloro, pero no me pregunta nada. No quiero hablar. Me gustaría dormirme un rato y suspender el pensamiento. No puedo. Mañana hay que levantarse a trabajar. No deseo una noche de insomnio. Es probable que igual pase, pero intento no provocarla.
Una sábana me esconde los pies. Las lágrimas me empañan las pupilas. El pecho, por suerte, oculta el corazón roto. Si estuviera físicamente roto, no sangraría. Se habría congelado antes y partido se iría derritiendo. Solo líquido se podría recomponer. Y habría que congelarlo de vuelta. Blando, lo quiero blando. ¿Qué ocurriría si alguien comprende cómo ablandarlo de nuevo? Me va a sangrar. Y sí. Si no sangra, vivo solo un tiempo. Vivo en pausa. La pausa tiene ojos acuosos. También se me están derritiendo. El frío quema mucho más que el calor.
Las horas me asustan. Son pequeñas oportunidades que se esfuman. Las seis. Las siete. Hasta las doce hay tiempo. Después, se rompe el hechizo. No. El hechizo ya está roto. Pero a las doce se hace oficial. El día siguiente pide borrón y cuenta nueva. No sé hacer eso, pero tengo la voluntad. Dejar en paz. Después de las doce, hay que dejar en paz. Cuando domingo deje de ser domingo, hay que dejar en paz. Los lunes ya no hay magia. Tampoco hay palabras que puedan pronunciarse para volver atrás. Volver atrás es estúpido y por eso no existe. A las doce en punto, solo el frío puede traer la paz. Y el hechizo y el calor vuelven atrás.

lunes, 5 de abril de 2021

El caos

El caso es que quiero estar con vos.
Aunque se haya roto una estrella anoche cuando te dije de menos.
Aunque el cielo haya oscurecido temprano y emanara soledad.
Aunque solo veamos el palpitar moribundo de las constelaciones.
Aunque las sábanas se arruguen mucho más que los mares conocidos.
Aunque parezcan dardos mis voces desgarradas y sentimentales.
Aunque mis lágrimas exageren e inunden océanos muy lejanos.
Aunque no suenen las placas, pero se muevan más cuando nos queremos.
Aunque el huracán lo hayan provocado mis manos contra tu espalda.
Aunque los planetas, de repente, dejen de lidiar con lunas exorbitantes.
Aunque nos pestañeemos y desatemos un maremoto en una costa indiferente.
Aunque rechace un desierto a mi lado en la cama, pero pida un oasis.
Aunque no sepa decirme basta y emita hipérboles extraterrestres.
El caos es que quiero estar con vos.

lunes, 29 de marzo de 2021

Irreversible

Tengo una relación rara con la muerte. Me encantaría decir que me causa alivio pensarla porque todos los otros duelos se van callando. Pero no es así. No edulcora. No les resta peso. No me abraza la idea de que la muerte sea la peor separación. De hecho, me ocurre todo lo contrario.
Tengo una relación rara con la muerte. No es buena y no es mala. Me encuentra acostumbrada a su nombre. No deja de dolerme y tampoco digo que no le temo. Pero es irreversible, palpablemente irreversible. Y esa condición me regala un duelo fácil y con final pronto.
Tengo una relación rara, rarísima con la muerte. Es improbable que cuestione esa separación. Los corazones rotos frustran y me dejan la impresión mentirosa de que podríamos haber salvado lo que quedaba. Y es que la muerte del amor siempre parece más reversible que la otra. 

sábado, 20 de marzo de 2021

Pará

Pará.
No te escondas ni bajes la persiana todavía.
El mal trago de hoy no se detiene en el umbral.
Pero te doy mi abrazo como escudo de mil días
y a los oídos y en secreto te prometo mil días más.
Pará.
Dame la mano un segundo y no te agites tanto.
Ya sé, no puedo nada contra esta línea temporal.
Pero puedo ocultarte en mi pecho durante un rato
y durante otro rato más mirarte dormido y rezar.
Pará.
Estoy rezando una oración que late por tu bien.
Una oración que te tapa los oídos por esta noche.
Hasta mañana te impido que sigas siendo rehén.
Y mañana renuevo la promesa después de las doce.

sábado, 6 de marzo de 2021

Del tallo

Esta noche arranco versos,
versos del tallo que es mi pecho
para preguntarles si me querés,
para averiguar si te quedás,
para sospechar si me entendés
sin romper una flor
pétalo a pétalo,
no a sí, sí a no.

Esta noche arranco preguntas,
preguntas del tallo que es mi cintura
para responder que te deseo,
para confesar que te extraño,
para admitir que te quiero
sin romper una flor
pétalo a pétalo,
no a sí, sí a no.

Esta noche arranco silencios,
silencios del tallo que es mi cuerpo y medio
para quedarme calladita,
para mirarte calladita,
para abrazarte calladita
sin romper una flor
latido a latido,
sin romper mi corazón,
pétalo a pétalo.

lunes, 15 de febrero de 2021

No tengo ojos

Se trata de una mentira.
Quiero decir: tengo ojos.
Pero no uso esos ojos
para mirar
y después desear
y entonces buscarte.
Los ojos para mirarte
nacieron la noche que supe.
Y después te deseé.
Y desde entonces te sigo buscando.
No tengo ojos.
Quiero decir: tengo ojos.
Pero no uso esos ojos
para anticiparme
y después confundir
y entonces buscarte.
Los ojos para mirarte
nacieron cuando ya había caído.
Y ya no pude anticiparme.
Ni buscarte solo cuerpo.
Tengo dos ojos infinitos
que me crecieron de pronto
cuando supe que te quiero.