viernes, 12 de febrero de 2021

Te deseo con el alma

Te deseo con el alma. No sé cómo se desea solo con el cuerpo. Te deseo con el alma antes de anhelarte con el cuerpo. No te deseo con la vista. Te busco con las manos, con la boca, con el cuello, con las orejas. Te reclamo con el sexo y con el pecho. Pero primero te deseo con el alma. Si no quisiera quererte, tampoco podría desearte. No podría anhelarte. No sabría suspirar tu nombre. En cambio, quiero quererte y entonces te prometo darte la espalda mientras encadenás mis cabellos con tus dedos.

Te deseo con el alma. No sé cómo se desea solo con el cuerpo. Te deseo anhelando intimidad. Te deseo con el alma buscando intimidad. Quiero beberme las miradas de tus ojos. Quiero sorber tus placeres y tragarlos con suspiros y jadeos. Si no quisiera quererte, tampoco podría desearte. No podría mostrarte mis gestos de gozo. No sabría compartirte mis gritos profundos. En cambio, quiero quererte y entonces te prometo arquearme sobre tu cuerpo mientras escuchás mi corazón.

Lo confieso. Decime palabras tiernas y poco a poco irán desnudándome la carne. Es carne amante que palpita de deseos de intimidad. No apagues las luces. Recordame que me querés y poco a poco estarás inmerso en mí. No pretendas provocarme el cuerpo sin haber excitado mi alma deseante. Que nos alumbren todas las fases de la luna y todos los soles, conectado latido con latido y temblor con temblor. Ojalá tu sexo sepulte mi ansia de cariño, saciándola. Tu cariño siempre saciará mi ansia de sexo.

domingo, 24 de enero de 2021

A veces y después

 A veces sé desparramarme un poco

y después pararme a preguntar

si querías que llegara tan cerca

o me preferías contenida y dócil

o todavía no querías haber probado

tanto de mí y de mis excesos.

A veces sé desorientarme un poco

y después pausarme y preguntar

si querías que tomara tu mano

aunque no la hubieras tendido

o si estabas esperando en cambio

para agarrarme fuerte y decir sí.

A veces sé despilfarrarme un poco

y después retenerme o preguntar

si querías presenciarlo todo

de a mucho y en todos los colores

sin esperas ni pruebas lentas

de mí y de sí y de tanto pálpito.

Además sé vaciarme los ojos

mirándote para preguntar

qué exceso te gusta más

antes de irnos a dormir.

miércoles, 20 de enero de 2021

Tarde acá

Es tarde acá.
¿Dónde acá?
¿En mi noche?
¿O en mi corazón?
A unos meses de mi cuerpo
es tarde.
Temprano también es tarde.
Sobre todo:
cuando no se dice
cuando no se hace
cuando no se espera.
Es tarde acá.
¿Dónde acá?
¿En mi reproche?
¿O en mi amor?
A unos meses de mis besos
es tarde.
Lejos también es tarde.

lunes, 7 de diciembre de 2020

Que arda

Que arda.
Que arda la poesía
y no la Tierra.
Que arda la furia de saber
que entran en tu casa
y por plata
prenden fuego todo.
Están quemando tu aire.
Están quemando tu verde.
Están quemando mi paciencia.
Que arda la furia de saber
que entran y queman
y son chispa
para inflamar tu voz.
Que arda.
Que arda la poesía
y al capital, guerra.

martes, 10 de noviembre de 2020

Dardos

¿Cuántos dardos arrojaste contra mi cama

y cuántos dardos me dieron a mí?

Silenciosos y a plenilunio

(que se asoma entre cortinas).

Y se clavaron mar adentro.

Y me desangraron el pecho.

Vos viniste a besarme:

para hincharlo de nuevo;

para acabarlo a incendios.

Las llamas dieron noche infinita

(silenciosas y a plenilunio).

¿Cuántos dardos me quemaron a mí

y cuántos dardos crearon mis pestañas?

miércoles, 21 de octubre de 2020

La casita de las dos ventanas

1
Llego al consultorio. No me siento angustiada y tampoco tengo los nervios de punta, pero sí ando un poco ansiosa. Tengo muchas ganas de hablar. Me parece bueno porque las últimas semanas venía seca de situaciones y me estaba costando armar algo para decir.
Norma me recibe y me saluda. Dejo la mochila a un lado y me acomodo en el sillón. La escena ya me resulta rutinaria, pero no me quejo. Algunas rutinas son necesarias y sanas. Sobre todo, como siempre declaro, para una mente tan dispersa como la mía.
–Hola, Alejandra. ¿Cómo estás? –me dice ella.
–Todo bien. ¿Y vos?
Nuestras sesiones huelen a ritual. Todas las sesiones de cualquier cosa, en realidad. Al menos, eso es lo que creo.
–Bien, bien. ¿Cómo fue tu semana? Contame.
Y le resumo una semana tranquila en la que trabajé, estudié y tuve mis ratos de ocio solitario y también social. Nada nuevo, se diría, aunque cada semana tiene su rasgo distintivo. En este caso, un sueño.
–El miércoles por fin terminé de transcribir notas y anoche soñé.
–¿Ah, sí? ¿Qué soñaste?
Estiro el brazo hacia la mochila, la abro y extraigo un cuaderno. Paso las páginas cuidadosamente. A pocas hojas del final, me detengo. Empiezo a leer:
–Comenzaba en un jardín grande y despejado de flores, puro pasto y, detrás de mí, un laguito. Casi de inmediato, luego de una breve caminata, aparecía en una sala color chocolate. Alguien llamaba, contestaba y manteníamos un diálogo de amor. Tras colgar, iba a mi dormitorio. Me desnudaba, me metía en la cama y me tocaba. Y de pronto desperté.
Norma anota rápido y levanta la vista, con gesto interrogativo.

2
Auch. ¿Dónde me quedé dormida? Esa roca estaba dura. Ahora me duele la carita. Además... ¿Pasto? ¿Me quedé dormida en un parque? No me di cuenta. Pero yo no vine al parque. Estaba en mi cama. Era de noche. Ahora es de día.
¡Hay un lago! Camino hasta él. Me arrodillo a su lado y lo contemplo. Me llaman la atención dos cosas: no me reflejo y es terriblemente turquesa. Me inclino un poco. Lo huelo. Tiene aroma a vainilla. Envalentonada, lo toco. Sí, tiene textura de agua. Vuelvo a inclinarme, pero... ¡Pierdo el equilibrio y me sumerjo!
¿Cómo? El ambiente es muy denso aquí abajo y, sin embargo, puedo respirar. Puedo hablar. ¡Puedo caminar! Bueno, flotar caminando. No podría describirlo. Recorro un tramo. Está bastante oscuro y desolado. Noto dos colores: arena clara y el turquesa, pero mucho menos saturado. ¿En serio estoy dentro del lago? Floto caminando un poco más. Delante de mi vista se cuela un rayo de sol pálido. Voy a toda velocidad, lo cual es muy lento en estas condiciones.

3
Evidentemente estaba dentro del lago porque seguí ese rayo de sol y ahora estoy de nuevo en la superficie. O eso espero. Hay una casita que no había visto antes, cuando desperté. Tiene dos ventanas al frente. Su forma es ovalada y los vidrios son más bien opacos y color café con miel. Me acerco para espiar.
Lo que veo no está teñido de color café con miel por los vidrios. Hay una sala que emana sensación chocolatosa. Miro hacia abajo y encuentro... ¡Piernas! Piernas cubiertas por una bata de seda bordó. Dejo de verlas. ¡Todo se mueve! ¡Yo no, pero el interior de la casa sí! Veo un pasillo. Las paredes son claras. Hay un par de estantes con libros. Al fondo, una puerta entreabierta. Está pintada de naranja suave. Se acerca rápidamente y se hace a un lado gracias a una mano que la empuja.
Un baño. La ducha. El inodoro. Azulejos anaranjados. El lavabo. Y un espejo arriba. A la altura de estas ventanas. Pero no veo una casita. Veo una cara. Dos ojos de color café con miel. Un rostro idéntico al mío. Un torso idéntico al mío. Un cabello idéntico al mío. Con diez años más. Aparecen manos y abren la canilla. Se mojan y por un instante contemplo la pileta del lavabo. Y, luego, las palmas mojadas. De nuevo, el espejo. A mis espaldas... No. A espaldas de la chica del espejo, que parece que también es a mis espaldas, pero para mí no hay nada más que jardín, se abre la puerta. Al reflejo se suma un sujeto que besa el cuello de la mujer. Ella voltea y ahora lo miro de frente.
Creo que se besan porque él está muy cerca de mí. Y no dejo de tenerlo cerca, a pesar de que el interior de la casa vuelve a cambiar, llevándome por el mismo pasillo hacia otra puerta. Una puerta marrón. Uno de los dos la empuja, entre besos. Y los besos los conducen directamente a la cama. Entre parpadeos, se alternan para mí ángulos del techo y del colchón, principalmente. Y del sujeto. De vez en cuando, la mesita de luz. La están pasando muy bien. ¿La estamos pasando muy bien? Ojalá presenciara en tercera persona.

4
¿Y esta almohada? Uf, sí. Es mi almohada de siempre. ¿Y el sujeto? ¿Y la chica? ¡Ah, claro! Qué tarada. Estaba soñando. Otra vez, ese lago. Otra vez, ese jardín. Otra vez, la casita de las dos ventanas. Mejor, igual. Hacía rato que no recordaba un sueño para relatarle a Norma. Tengo que ir esta tarde y ya me estaba quedando sin temas de conversación.

Sabor a adiós y a vino

Me cuelo en una sesión de suspiros
después de meses y años de olvidos
y mis susurros de fantasía
que nunca faltaban
porque nunca pedías
te preguntan otra vez por tus ritos
y te cuestionan tus nuevos caprichos.
Caprichos nuevos que no me dijiste
y que no conozco y que no pediste.
Ahora pesan mucho
y también son livianos
y puedo verlos y los escucho.
No se parecen a vos, pero te visten
y te mueven sin calor y no me exigen.
Después de meses y años de olvidos
no me llaman esta noche tus suspiros
y mis susurros de fantasía
que nunca llegaban
porque ya nunca querías
te preguntan por la cama y el pasillo
y te lloran con sabor a adiós y a vino.